Emprendedor vs Emprendedor Inversionista

Muchas personas cuando se habla de ingreso pasivo lo primero que se le viene a la mente es la idea de emprender.  Emprender es poner en ejecución una idea de negocio con el fin de generar ganancia.  Tanto la idea como la ejecución van de la mano del emprendedor.  El emprendedor asume riesgo por lo que suceda con su negocio.  Por su origen etimológico, el concepto emprendedor viene del prendere que significa tomar o agarrar y que en consecuencia se asocia a oportunidades y opciones.  En tal sentido, un emprendedor es alguien que es capaz de ver una oportunidad, evaluar sus opciones, asumir riesgos y tomar acción para aprovechar la coyuntura y echar a andar su empresa.

Es importante aclarar que el concepto de emprendedor también se aplica a personas que son innovadoras o disruptivas en la forma como atienden o resuelven problemas.  No necesariamente se considera emprendedor a aquel que forma o desarrolla una empresa o negocio.  Sin embargo, para efectos de este artículo, vamos a hablar del emprendedor como el hacedor de empresa.

EL EMPRENDEDOR Y EL INGRESO PASIVO

Lo cierto es que no hay nada más alejado de la verdad que pensar que un emprendedor es un generador de ingreso pasivo para si mismo.  Por lógica, un emprendimiento, sin importar de qué tipo sea, implica obligatoriamente comprometer recursos en forma de dinero, competencias, activos y tiempo.  La clave está en el tiempo invertido.  Para que un ingreso califique como pasivo, este no debe tener ningún tipo de ataduras con el factor tiempo.

Un emprendedor no se puede desconectar de su emprendimiento, aunque este cuente con personas altamente calificadas y dedicadas a hacer crecer el emprendimiento.  Tomemos en cuenta que la idea de negocio y la innovación se originó gracias al emprendedor que la ideó y por ende no es realista pensar que no vaya a estar involucrado, por lo menos en las etapas iniciales.  El emprendedor mantiene un cierto nivel de control y dominio sobre su emprendimiento, ejerciendo algún tiempo función o rol en el día a día.  En otras palabras, además de echar a andar su idea, este es también responsable solidario de que los planes se cumplan según lo planificado.

Si el emprendedor tiene un rol definido dentro de la empresa y la atiende cotidianamente, entonces estamos frente a una situación de autoempleo.  Esto es importante notarlo porque por lo general el emprendedor puro tiende a conformar la empresa, dotarla de recurso y ponerla a funcionar con un nivel de involucramiento relativamente bajo.  En el caso del autoempleo, el emprendedor es parte activa de la empresa lo que en cierta forma puede limitar su potencial de desarrollar más negocios o de explorar otras oportunidades.

DE EMPRENDEDOR A EMPRENDEDOR INVERSIONISTA

Existe un paso transitorio de emprendedor a inversionista.  Un emprendedor puede dedicar tiempo activo a su emprendimiento, inclusive ser parte de la nómina, pero con el tiempo, su meta debe ser dotar a la empresa con los recursos y competencias necesarios para que esta pueda funcionar sin su presencia.  No se trata de abandonarla sino de hacer que esta pueda funcionar efectivamente y que su tiempo pueda ser utilizado en desarrollar nuevas actividades y emprendimientos.  Es muy común ver empresarios que una vez sus empresas ya están funcionando, se repliegan para dar paso a la plana gerencial que él/ella ha conformado siguiendo un esquema de gobierno corporativo.

A partir de este punto, el emprendedor adopta un rol de mayor supervisión y control, coaching y mentoría e innovación y desarrollo.  No se percibe como autoempleado y su objetivo central esta en los resultados y en las acciones de mejora continua e innovación permanente.  Desde un punto de vista práctico, pasa de emprendedor a inversionista consultor por los roles que ejerce.

Obviamente, para cumplir con este perfil de emprendedor inversionista, debemos considerar los siguientes 5 factores críticos:

  1. Poseer un alto nivel de liderazgo y de inteligencia emocional
  2. Capacidad de generar aprendizajes y de desarrollar equipos de alto rendimiento.
  3. Tener mentalidad estratégica y pensamiento crítico y disruptivo.
  4. Alta capacidad de adaptación y resiliencia.
  5. Tolerancia al riesgo.

En términos generales, para desarrollar ingresos pasivos se hace necesario asumir algún nivel de riesgo e implica también asumir el costo de oportunidad que esto implica.  Es importante tener claridad en torno a cuánto riesgo somos capaces de asimilar y qué tanto estamos dispuestos a arriesgarnos dejando en manos de otros los frutos de nuestros esfuerzos.

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Orlando Fujitsubo

Autor, Coach & Consultor

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