Los seres humanos nos movemos por impulso. Somos individuos automotivados que respondemos a los estímulos y a las emociones de formas muy variadas. En algunas ocasiones actuamos por impulso y en otras, actuamos de forma comedida y consciente. Las emociones, los estímulos, los estados de ánimo y hasta los temores pueden influir directamente en la forma como tomamos decisiones de compra.
Las marcas son conscientes de esto y es por ello por lo que siempre están buscando poder estimular a sus clientes y seguidores para que validen una decisión de compra a su favor. Si vemos un comercial de cerveza, por lo general se tratan sobre personas alegres, divertidas, descomplicadas, disfrutando de la vida gracias una cerveza “X”. Las marcas apelan a que el cliente potencial se pueda referenciar fácilmente y por ende escoja su marca por encima de otras. Los productos y las marcas se diseñan con un avatar en mente, entiendo sus necesidades, sus deseos y anhelos en la vida. Entienden su “dolor” y buscan estimular la forma de resolverlo. Dicho en otras palabras, juegan con nuestra emociones manipulando nuestras decisiones de compra.
¿POR QUÉ SABER ESTO ES IMPORTANTE PARA MI INTELIGENCIA FINANCIERA?
Lo cierto es que sí existe un hilo conductor entre las emociones y las finanzas. Dependiendo de la forma cómo manejemos nuestras emociones enfocadas en el consumo, de esta misma forma vamos a ver afectada positiva o negativamente nuestra posición financiera. Muchas de nuestras respuestas a nuestro entorno giran en función a nuestras emociones inconscientes y no a nuestro razonamiento.
En este sentido es importante saber que las emociones y las finanzas se relacionan de forma bidireccional. Es decir, son variables dependientes en la forma como se comportan y se afectan entre sí. Como dice la psicóloga Sara Díaz (Díaz, 2021), sicóloga del equipo de Salud Financiera de SURA, “todo lo que hagas para conservar tu salud mental influirá en tu bienestar financiero.”
Cuando hablamos de inteligencia emocional, estamos hablando de un conjunto de capacidades psicológicas que nos permiten identificar, balancear y transmitir nuestras emociones. Un buen balance emocional nos permite entender los posibles conflictos que surgen entre los sentimientos y la razón; entre el ser y el deber ser; entre lo deseable y nuestra respuesta. Ese autoconocimiento y dominio que se logra con a través de la inteligencia emocional es lo que nos permite controlar y programar nuestro comportamiento al tiempo que mejoramos nuestra capacidad para entender las circunstancias, resolver problemas y tomar mejore decisiones, lejos del consejo de las emociones.
Tomemos en cuenta que las emociones son respuestas que damos a los estímulos y que nos llevan a la acción. Muchas veces realizamos una compra sin tener un sustento lógico para ello. Por ejemplo, en temporadas de descuento como los conocidos Black Friday es un ejemplo claro de la forma cómo las emociones dominan la forma en que disponemos del dinero básicamente en un frenesí provocado por precios bajos. Por desgracia, estos comportamiento generalmente atentan contra la estabilidad financiera y tienden a disminuir el caudal de ahorro real o la capacidad de ahorro producto de las deudas que se adquieren innecesariamente. Tener inteligencia emocional nos permite analizar y escoger mejor nuestra alternativas de compra / consumo.
PARA CONTROLAR LOS GASTOS HAY QUE ESTAR EMOCIONALMENTE BALANCEADOS
Los procesos de toma de decisión se deben ejecutar de forma consciente, dejando de lados las emociones que nos puedan afectar o nublar la mente. Comprar con el corazón no es saludable para tus finanzas. Comprar por autosugestión o complacencia tampoco es deseable. Cuando compramos por emoción sin analizar la compra y la necesidad que se desea satisfacer, es probable que nos lleve a una acción de compra de la cual probablemente nos vamos a arrepentir más adelante. Todas nuestras decisiones de compra deben ser debidamente filtradas, más allá de las emociones que las motivan. En este sentido, es fundamental hacernos 6 preguntas claves:
1.- ¿En verdad lo necesito o es solo un capricho?
2.- ¿Debo tenerlo ahora o puedo esperar?
3.- ¿Es esta la mejor alternativa?
4.- Si lo compro, ¿realmente le voy a sacar el provecho?
5.- ¿Qué sucedería si no lo compro?
6.- ¿Cómo afecta esta compra mi posición financiera?
Al hacernos estas preguntas estamos pasando nuestra decisión a través de un proceso de control interno en el que cuestionamos la emoción sometiendo la misma al escrutinio consciente que nos permita validar mejor la acción a seguir (toma de decisión). Dicho en otras palabras, estamos ejerciendo nuestra capacidad de autocontrol en beneficio de nuestra inteligencia y disciplina financiera.
Te invito a que te suscribas a mi BLOG https://orlandofujitsubo.com/blog/ y a mi grupo de Facebook donde comparto información relevante sobre el tema: https://www.facebook.com/groups/2950888861878786


