Uno de los temas que más preocupa a los jóvenes es el empleo. Si les preguntamos en nuestros barrios qué necesitan, muchos responderán: un trabajo. Esta realidad se hizo evidente durante el reciente torneo electoral, donde todos los candidatos prometieron empleos para los jóvenes.
Es doloroso ver que nuestros políticos y gobernantes continúan con el mismo discurso de programas como “Mi Primer Empleo” y otros similares, como si eso fuera la solución a los graves problemas del país. Aún más preocupante es que miles de jóvenes crean que esta es la respuesta que esperan recibir de gobiernos que han demostrado que lo menos importante es formar y transformar talentos jóvenes en agentes de cambio productivos que contribuyan al desarrollo.
Lamentablemente, estos programas gubernamentales para generar empleo carecen de un componente real de formación de capital humano, limitándose a ofrecer mano de obra de bajo costo. Así no se construye ni se desarrolla un país. Para la clase empresarial, estos programas son una fuente de mano de obra barata y un gesto de “buena voluntad” hacia el gobierno. Pero, ¿por qué no incluyen un componente práctico y formativo que permita desarrollar las habilidades y competencias necesarias en las industrias del primer mundo? La respuesta es evidente.
Nuestro sistema educativo, obsoleto y alienante, dejó de responder a las necesidades del país hace más de 50 años. Como ciudadanos, debemos exigir una transformación total del sistema. Es urgente una reforma metodológica y curricular. En nuestras aulas, hemos dejado de enseñar a los estudiantes a pensar, limitándonos a enseñarles a obedecer. Cuanto menos piense un joven, más vulnerable se vuelve. En esta situación, ese primer “empleo” que le pagarán con “chen chen” no solo no resolverá sus problemas económicos, sino que los agravará. Lea: https://orlandofujitsubo.com/chen-chen-en-el-bolsillo/
Es fundamental crear condiciones que fomenten el crecimiento y desarrollo de los jóvenes, para que sean ellos los gestores y creadores de empleos de calidad. Debemos proporcionarles las herramientas necesarias para que se empoderen en su proceso evolutivo con una mentalidad de éxito. No podemos seguir tolerando que nuestro sistema educativo siga graduando jóvenes resignados ante la mediocridad del sistema económico y gubernamental.
Nuestros colegios se han convertido en fábricas que gradúan jóvenes sin criterio ni capacidad de pensamiento crítico, creativo y estratégico, porque sus profesores, probablemente, tampoco los poseen. Graduados que creen que su único objetivo en la vida es conseguir un empleo, ignorando que sus posibilidades serán mayores si se educan, preparan y empoderan. Que piensan que el dinero es para los ricos y que ellos solo tienen derecho a recibir limosnas, porque no tienen las herramientas de inteligencia financiera necesarias para desarrollarse. Que que creen que las redes sociales y los videojuegos son un estilo de vida, sin darse cuenta de que son distracciones que limitan su desarrollo personal y profesional. Tristemente, hoy la educación escolar es una obligación constitucional que dista mucho de ser un medio para el auto desarrollo.
Sigo creyendo que Panamá tiene un gran potencial para su desarrollo. Somos un país luchador que siempre ha sabido salir adelante. No podemos apagar la llama de esperanza que surge con cada joven solo porque a los políticos les importan más los votos fáciles que el verdadero desarrollo del país. Basta ya de dejarnos engañar por las promesas de campaña y comencemos a exigir crecimiento y desarrollo social, humano y económico.


